20 febrero 2018

Derechos Humanos y Empresas: un poco de historia

Autor: Pablo Frederick

Derechos Humanos y Empresas: un poco de historia

Probablemente no sea el primero, pero sí es uno de los casos más conocidos que refleja la relación entre las violaciones a los derechos humanos y la desaparición de una de las grandes empresas transnacionales de su época.

En los inicios del siglo pasado, la Peruvian Amazon Company (PAC), con sede en Londres, sucumbía ante las atrocidades reportadas en un informe preparado por el cónsul general Sir Roger Casement, producto de su participación en una comisión enviada a Perú por el gobierno británico.

El Blue Book, como se conoció a dicho reporte, presentaba a ambas cámaras del Parlamento británico, la constatación en terreno de algunas denuncias públicas sobre las deplorables condiciones de vida esclava en que los pueblos  indígenas de la Amazonía nororiental, obtenían el látex que llenaba las arcas de esta firma inglesa dirigida por un ciudadano peruano que,  a punta de violencia, nepotismo, corrupción y desprecio por la especie humana, se había convertido en el rey del caucho en el Putumayo.

El caso, narrado por la magistral pluma de Mario Vargas Llosa en El sueño del Celta, e incluso anteriormente referido por otros autores, ocurre en 1912, paralelamente a la caída del caucho sudamericano, fruto del exitoso trasplante ilegal de algunas semillas hacia el sudeste asiático, realizado por los mismos ingleses. Más allá de eso, fueron las denuncias de severas violaciones a los derechos humanos las que derrumbaron a la PAC y a su virtual monarca, Julio César Arana.

Al tiempo que se conocía el conmovedor contenido del libro Azul, caían las acciones de la empresa en la bolsa de Londres, la reputación de sus directores –incluidos connotados dignatarios de la corona- y del gobierno peruano, que se deshacía en excusas para justificar su inacción ante tanto sufrimiento humano y evitar así el escarnio económico y social.  La enorme fortuna amasada por el rey del caucho se extinguió en lo que duró el pago a sus acreedores financieros que de un día para el otro cerraron la llave del flujo, hasta entonces infinito, de créditos a la PAC.

No es mi intención desenmarañar la historia de la fiebre del caucho sino rescatar la importancia que, aún en tiempos de precarios medios de comunicación y en sociedades menos sensibles, podían tener en los negocios informaciones sobre malas prácticas, en este caso llevadas al extremo por la PAC. Más de tres décadas antes de proclamar la Declaración Universal de Derechos Humanos e incluso de usar el vocablo, se cuestionaban y castigaban económica y financieramente a empresas que obtenían sus ganancias gracias a las ventajas que les daban regulaciones blandas, amañadas o inexistentes, especialmente en lugares de difícil acceso e información.

Algo después de un siglo, en un mundo radicalmente diferente, intercomunicado y ultra informado, hemos dejado atrás muchas de estas situaciones. Sin embargo, aún no estamos exentos de casos en los que las violaciones a los derechos humanos (hoy más vinculados a los derechos económicos, sociales y culturales o a los llamados de ‘tercera generación’, se pueden observar en empresas de diversos tipos. Erradicarlas es parte del esfuerzo que hoy hacen compañías, Estados y la sociedad en general.

Tanto en esa época como hoy, las buenas prácticas en relación a los derechos humanos son un elemento de competitividad o, en otras palabras, no considerarlas es, a la luz del actual aumento de la capacidad de escrutinio del mercado, un riesgo considerable.

A diferencia de los tiempos del caucho, hoy la comunicación es inmediata y alcanza los lugares más remotos, pero no es suficiente. Tampoco lo es el avance normativo si el mercado no incorpora en sus decisiones de consumo, compra y contratación las informaciones que recibe.

En agosto de 2017 Chile presentó su Plan de Acción Nacional sobre Derechos Humanos y Empresas en el marco de la aplicación de los Principios Rectores de Naciones Unidas (2011), uno de los más serios esfuerzos internacionales por incorporar a las empresas en la lógica de fortalecer su responsabilidad social a través del respeto de los derechos humanos. A esta iniciativa recurren también diversos actores del mercado y organizaciones como ACCIÓN Empresas, bajo la consigna de seguir fortaleciendo los negocios a través de las prácticas sustentables de las compañías.

En este contexto, en el que necesitamos sumar, no viene mal un poco de historia que nos invite a continuar avanzando por el camino del desarrollo sostenible.

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