15 enero 2018

El año de la inserción del cambio climático en el mundo de la inversión

Autor: Beatriz Calderón

El año de la inserción del cambio climático en el mundo de la inversión

Para los inversionistas responsables es evidente la importancia del análisis de las variables Ambientales, Sociales y de Gobierno Corporativo (ASG), ya que les permite identificar a aquellas empresas con sólidas perspectivas de crecimiento, gestión eficiente de costos y lealtad de marca de un público cada vez más exigente, evitando con ello riesgos asociados a cambios en tendencias económicas, preferencias de los consumidores y regulaciones.

No obstante, la inversión responsable sigue generando interrogantes en una porción importante del mercado de capitales y del público en general, pues aún existe el mito de que este tipo de inversión se realiza a costa de un potencial mayor retorno. Esta tendencia ha persistido a pesar de contar a la fecha con más de 2.000 estudios que han concluido que existe una relación positiva entre el desempeño financiero y las credenciales de sostenibilidad.

Frente a ello, 2017 se erigió como un año decisivo para la incorporación de las variables ASG en el análisis de las decisiones de inversión, gracias al aumento de la evidencia sobre el impacto económico que el cambio climático está empezando a tener en la rentabilidad de las inversiones. Es así como fuimos testigos, a lo largo del año, de acciones concretas sobre cómo el mundo financiero ha decidido involucrarse en la lucha contra el cambio climático.

En junio de 2017, los 32 miembros de la industria del Task Force on Climate-Related Financial Disclosures (TCFD)[1], creada por Financial Stability Board (FSB), presentaron un documento dirigido a inversionistas con recomendaciones para la efectiva divulgación de los riesgos financieros relacionados con el cambio climático. Además, se elaboraron guías sectoriales, dirigidas a bancos, empresas aseguradoras, y para sectores no financieros como el de energía, transporte, materiales y agricultura.

En la Cumbre del Planeta de París, realizada en diciembre, 237 compañías, con una capitalización de más de US$6,3 mil millones, incluyendo 150 entidades financieras que gestionan activos por más de US$81,7 mil millones, apoyaron las recomendaciones de la TCFD.

Y en el camino de implementación de estas recomendaciones aparecieron también iniciativas tan relevantes como “Climate Action 100+”[2], que agrupa a 225 inversionistas, que en su conjunto representan US$26,3 mil millones de activos bajo gestión. Su objetivo inicial es trabajar, por cinco años, con las 100 mayores compañías que emiten gases de efecto invernadero a fin de que cada uno de los inversionistas miembros de la iniciativa genere una relación directa con, al menos, una compañía de las incluidas en la lista al año. Este diálogo implica acercarse a los Consejos de Administración, pudiendo incluir potencialmente propuestas para ellos o los Directorios con el fin de mejorar su gestión, la entrega de información al exterior, la reportabilidad y su contribución al Cambio Climático.

Es de esperarse que los años venideros estas iniciativas puedan demostrar con fuerza y contundentes cifras la materialidad de los temas Ambientales y Sociales para el mercado financiero.

[1] En abril de 2015, a solicitud de los Ministros de Finanzas y los Gobernadores de los Bancos Centrales del G20, el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) convocó a representantes del sector privado y público para analizar cómo el sector financiero podría tener en cuenta las cuestiones relacionadas con el clima.  La conclusión en aquel momento fue que los mercados financieros necesitaban más información comparable sobre cambio climático. En respuesta, a fines de ese ano, el FSB estableció un grupo de trabajo sobre divulgaciones financieras relacionadas con el clima (TCFD).

 

[2] http://www.climateaction100.org/

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