18 octubre 2017

La batalla por la confianza

Autor: Ignacio Larraechea

La batalla por la confianza

La desconfianza ciudadana y la agresividad hacia las instituciones en general -y a las empresas en particular-, se han ido instalando de forma progresiva y está afectando de manera directa e indirecta el ambiente para los negocios. Directa, ya sea cuando en vez del diálogo las comunidades optan por la movilización, o cuando los trabajadores lo hacen por la paralización de actividades; e indirecta, cuando esta presión ciudadana encuentra eco en quienes aprueban las leyes o administran el aparato público.

Probablemente a estas alturas, los diagnósticos están claros: estamos frente a una eventual extinción de la tolerancia hacia toda forma de exclusión y de abuso, lo que explicaría la creciente reacción violenta hacia las instituciones que influyen de manera determinante en estas materias: el parlamento, el sistema judicial, el gobierno central y… ¡las empresas!

A nivel mundial y local, las reacciones de las compañías son muy diversas: hacer “oídos sordos y esperar que no me toque a mí”, exigir mano dura a las autoridades, o hacer malabarismos con las comunicaciones para dar una imagen bondadosa. Otras, en cambio, han optado por las comunicaciones reales, sin asteriscos, y han comenzado por escuchar a quienes las critican, para luego elaborar respuestas en conjunto.

Esos nuevos diálogos son los que han generado las mejores soluciones a este puzzle al que se ven enfrentadas las empresas, con requerimientos cada vez mayores de productividad y competitividad, y con mayores exigencias de “buen ciudadano”.

Entre estas nuevas soluciones, el empoderamiento económico de largo plazo de los sectores más pobres ha ido ganando terreno. Y en este campo la minería, sin lugar a dudas, puede mostrar grandes avances en áreas como infraestructura, educación, salud y capacitación laboral, en las comunidades cercanas a sus operaciones. Esto ayuda a explicar, por ejemplo, que el nivel de confianza ciudadana en la minería sea significativamente más elevada a nivel local que a nacional, como lo indica el estudio Confianza ciudadana de las empresas en Chile publicado por ACCIÓN.

La minería ha aprendido de sus errores y, en muchos casos, ha sido perseverante en sus proyectos, lo que le ha permitido impactar significativamente en las comunidades.

¿Qué falta? Aún está pendiente la capacidad de las empresas para actuar en conjunto, entre ellas y con las demás empresas y actores sociales, con una mirada territorial. Esa línea, que ya tiene sus primeras manifestaciones en el campo de la educación, permitirá que el sector vaya consolidando una imagen a la altura de lo que la sociedad espera: basada en hechos y no en palabras.

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