30 de diciembre de 2025

2025: El año en que la sostenibilidad dejó la adolescencia

Si algo nos enseñó el 2025 es que la sostenibilidad corporativa ya no es esa fiesta ruidosa donde todos querían entrar para presumir. Este año fue más bien el momento en que la música bajó y alguien dijo: “Ahora sí, pongámonos serios”. Con esa premisa, comparto algunos aprendizajes que marcaron la pauta en este año especial.

Menos discurso, más acción
Durante años, ESG fue la estrella de la comunicación corporativa, pero en 2025 la crítica se hizo sentir: reguladores, inversionistas y hasta políticos se cansaron del “green talk” sin resultados concretos. Muchas empresas aplicaron un “descuento” en su comunicación, bajando el tono triunfalista y apostando por mayor prudencia y moderación. Lejos de ser una mala noticia, esto marcó el inicio de una etapa más adulta, donde la coherencia y la materialidad son la nueva moneda de cambio.
Política sobre ciencia: la evidencia ya no basta
Lo anticipó Andrés Velasco en un foro sobre riesgos y lo confirmaron los hechos: la ciencia sola no gana elecciones ni aprueba leyes. En 2025 vimos cómo ideologías y movimientos políticos condicionaron la agenda climática y social. Desde la pausa a regulaciones ESG hasta las fallidas negociaciones de la COP30 en Brasil, quedó claro que la sostenibilidad se juega tanto en laboratorios como en parlamentos. El reto es comunicar la evidencia con claridad y sin ingenuidad, entendiendo que hoy la narrativa política pesa tanto como los datos.
Regulaciones flexibles: nada está escrito en piedra
La avalancha normativa que parecía inamovible dio un giro inesperado. La Unión Europea lanzó el famoso “Paquete Ómnibus” para simplificar la CSRD y la CSDDD, reduciendo cargas y ampliando plazos. Incluso el IFRS ajustó la norma S2 para hacerla más digerible. La lección es clara: regular, también requiere sostenibilidad, diálogo, gradualidad y sentido práctico. Ni la burocracia ni el planeta soportan rigidez extrema.
Naturaleza: la estrella ambiental del año
Si 2024 fue el año del Net Zero, 2025 trajo el concepto “Nature Positive” y la conservación al centro del escenario. Desde la COP16 en Cali hasta los compromisos para restaurar ecosistemas en Belém, la biodiversidad dejó de ser un apéndice y se convirtió en el corazón de las estrategias ESG. Sin ella, no hay resiliencia, ni para las empresas, ni para la economía global.
Tecnología: el nuevo músculo de la sostenibilidad
Este año la tecnología dejó de ser actor secundario y se convirtió en protagonista. Inteligencia artificial, agentes, blockchain y analítica avanzada iniciaron una revolución que promete frutos en los próximos años: reportes automatizados en tiempo real, trazabilidad radical en las cadenas de suministro y anticipación de riesgos antes de que se conviertan en crisis, entre muchas otras aplicaciones.
Estos son solo algunos de los aprendizajes que nos dejó 2025. Si la sostenibilidad corporativa fuera una persona, diríamos que dejó la adolescencia escolar desenfrenada para entrar a la madurez universitaria, con la aspiración de sacar un 7 en materias difíciles como “gobernanza y coherencia estratégica”, “biodiversidad aplicada” y “comunicación política”, y con la firme intención de no repetir el curso de “greenwashing”.