Cada año se diagnostican más casos de cáncer de mama en el mundo y las proyecciones indican que la tendencia seguirá al alza. Según estimaciones publicadas este mes en The Lancet Oncology, hacia 2050 los casos podrían aumentar un 34% y las muertes un 44%. En paralelo, los sistemas de salud enfrentan otra paradoja. Aunque las mujeres viven más que los hombres, pasan más años con problemas de salud.
De acuerdo con el informe Panorama de la Salud 2025 de la OCDE (Health at a Glance en su versión original en inglés), después de los 60 años las mujeres viven en promedio 6,3 años con limitaciones de salud, frente a 5 años en el caso de los hombres. Este escenario confirma que el desafío ya no es solo vivir más, sino vivir mejor. Para ello, la prevención cumple un rol clave en la detección temprana.
En Chile, sin embargo, aún existen brechas importantes en esta materia. La cobertura de exámenes preventivos sigue siendo menor a la esperada. Un ejemplo es la mamografía. Solo el 40% de las mujeres se realiza este examen de detección, mientras que el promedio de los países de la OCDE alcanza el 55%, según el reporte País Chile del mencionado informe elaborado por la OCDE.
La diferencia no es menor, porque cuando el cáncer de mama se detecta en etapas tempranas las probabilidades de tratamiento exitoso aumentan significativamente: hasta el 90% de los casos puede tener un tratamiento exitoso.
Y es que el problema no se explica únicamente por falta de información. Hoy muchas mujeres postergan sus controles por razones prácticas como costos, tiempos de espera, distancia a los centros de salud o simplemente porque priorizan el cuidado de otros por sobre su propio bienestar.
Un estudio de My Nipp y Netquest muestra que seis de cada diez mujeres mayores de 40 años en Chile no se realiza la mamografía anual, y que cerca de la mitad de quienes no lo hacen reconoce que es porque “no tiene tiempo” o porque no lo considera una prioridad. Esta realidad revela algo más profundo que una brecha sanitaria. Muchas siguen poniendo las necesidades de su entorno, trabajo, familia o responsabilidades domésticas, por delante de su propia salud.
Sin embargo, las consecuencias de esta postergación pueden ser graves. La mamografía sigue siendo la herramienta más efectiva para detectar el cáncer de mama de forma precoz. Por eso, más que un examen médico, la prevención es una oportunidad concreta de salvar vidas y mejorar la calidad.
Para avanzar en salud femenina, el foco debe ponerse en fortalecer estrategias de prevención basadas en evidencia. Esto implica ampliar el acceso a programas de detección precoz, facilitar la realización de controles periódicos y desarrollar campañas que no sólo informen, sino que también reduzcan las barreras reales que enfrentan las mujeres para cuidar su salud.
En ese desafío, fortalecer la prevención implica también generar condiciones que acompañen y faciliten la decisión de las mujeres de realizar sus controles, promoviendo una mayor conciencia sobre su importancia. En ese camino, el rol de los prestadores de salud es clave para complementar y potenciar los esfuerzos de las políticas públicas, impulsando iniciativas que acerquen los exámenes preventivos a la población y faciliten su acceso oportuno.
Desde Bupa hemos trabajado de manera sostenida para acercar la prevención y el acceso oportuno a exámenes clave. Por eso, junto a BancoEstado, impulsamos nuevamente la campaña Mujeres con Futuro que les permite acceder a mamografías por tan sólo $5.000, buscando facilitar el acceso a este examen fundamental para la detección precoz del cáncer de mama.
Desde la práctica médica sabemos que el tiempo es un factor crítico. Un diagnóstico temprano no solo amplía las alternativas terapéuticas disponibles, sino que también reduce la complejidad de los tratamientos, mejora significativamente el pronóstico de las pacientes, e impacta en su salud mental y calidad de vida al disminuir la ansiedad y temor. Cuando una mamografía se realiza a tiempo, permite detectar lesiones en etapas iniciales, lo que marca una diferencia concreta en las probabilidades de recuperación.
Por eso, avanzar en estas materias exige reforzar una convicción clínica básica: los controles preventivos no son opcionales, son parte esencial del cuidado de la salud. Como médicos y como sistema sanitario, debemos insistir en que prioricen estos controles y, al mismo tiempo, trabajar para que existan condiciones reales que faciliten su acceso. Cuando la prevención ocurre a tiempo, no solo estamos detectando una enfermedad antes: estamos dando a miles de mujeres la oportunidad de seguir viviendo con salud y calidad de vida.