20 de mayo de 2026

El gran desafío de la sostenibilidad: demostrar valor en un mundo cada vez más complejo

Durante mucho tiempo, la sostenibilidad se entendió como un complemento dentro de las organizaciones, algo importante, pero muchas veces separado de las decisiones estratégicas que conducen el negocio. Hoy esa mirada cambió y una de las principales señales es que las empresas a nivel global ya no están discutiendo si adoptar o no los criterios de sostenibilidad, sino cómo integrarlos de manera concreta a la estrategia, gestión y operación empresarial, involucrando a todas las áreas en la toma de decisiones.

Esta fue una de las reflexiones más presentes en la Reunión Anual del World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), donde hace algunos días tuve la oportunidad de participar en el rol de capítulo chileno y junto a representantes de distintos países y organizaciones.

En esa línea, uno de los desafíos que tuvo mayor consenso fue la necesidad de traducir la sostenibilidad en indicadores concretos que dialoguen mejor con las áreas de negocio, finanzas y estrategia empresarial. Existe conciencia de que los riesgos ambientales, sociales y de gobernanza afectan directamente la continuidad y competitividad de las organizaciones, pero todavía persiste una brecha importante para medir, comunicar y demostrar que constituyen un riesgo que se debe gestionar.

También quedó en evidencia que las empresas están buscando conectar la sostenibilidad con el core de negocio, poniendo a las personas al centro, diseñando procesos que permitan garantizar la coherencia entre el discurso y la acción. El desafío ya no pasa únicamente por impulsar iniciativas que contribuyan a mitigar el impacto social o ambiental que las empresas producen, sino por entender cómo la sostenibilidad se relaciona con su actividad y con los procesos que desarrollan, con los productos y servicios que ofrecen y con su contribución a la sociedad. Ese cambio de mirada es probablemente uno de los más relevantes que estamos viviendo.

Otro aspecto que marcó la agenda fue el desafío del lenguaje y la comunicación. En sostenibilidad solemos movernos entre conceptos técnicos, indicadores y siglas que muchas veces dificultan el diálogo con otras áreas y también con las personas. Si queremos avanzar, necesitamos construir relatos más claros y comprensibles, capaces de conectar con directorios, equipos financieros, trabajadores, consumidores y ciudadanía. Parte importante del desafío está justamente en construir puentes entre mundos que históricamente han hablado códigos distintos. El relato exige evidencia, trazabilidad y respaldo. la sostenibilidad ya no se construye desde el discurso, sino que desde la experiencia diaria de las personas.

Las conversaciones también mostraron que, pese al contexto global y a las distintas presiones geopolíticas o económicas, las empresas siguen manteniendo la sostenibilidad como una prioridad estratégica. La discusión ya no está centrada en si avanzar o no, sino en cómo hacerlo de manera más integrada, más medible y más vinculada al negocio y a la generación de valor.

Desde Acción Empresas vemos este escenario como una oportunidad para seguir impulsando una sostenibilidad más transversal, conectada con la estrategia y también más colaborativa. Porque si algo quedó claro en el WBCSD es que los desafíos actuales requieren empresas capaces de mirar el largo plazo, anticipar riesgos y construir valor de manera sostenible para las personas, las comunidades y el desarrollo del país.