En Chile hemos instalado una discusión que me parece equivocada: humanidades versus técnica, números versus letras, conocimiento aplicado versus reflexión. Como si tuviéramos que elegir.
La reciente polémica por la priorización de determinadas áreas en los fondos públicos para investigación volvió a poner esta tensión sobre la mesa. El argumento es en apariencia razonable: los recursos son limitados y el país necesita productividad, tecnología, ingeniería, innovación y crecimiento. Por supuesto que los necesita. La pregunta es por qué eso tendría que significar menos humanidades.
Los números nos dicen qué hacer; las humanidades, cómo movilizarnos
La economía, la ingeniería y las disciplinas técnicas nos permiten diagnosticar, medir, proyectar, establecer metas y encontrar soluciones. Nos dicen dónde estamos y, muchas veces, qué tenemos que hacer o qué objetivo queremos lograr.
Pero hay algo que los números, por sí solos, no hacen: movilizar personas. Porque detrás de cualquier transformación hay personas que deben entenderla, creer en ella y estar dispuestas a llevarla adelante. Y ahí entran la palabra, el relato, la historia, la filosofía, la comunicación, en definitiva, las humanidades.
Podemos tener el mejor diagnóstico económico, ¿pero qué ocurre si somos incapaces de explicarlo? Podemos diseñar una gran política pública, ¿pero qué pasa si nadie logra convocar a las personas detrás de ella? Podemos tener metas ambiciosas como país, ¿pero quién construye el relato capaz de transformarlas en un propósito compartido?
La instrucción, la petición, la negociación, la persuasión, el liderazgo e incluso la épica necesaria para mover a una organización o a un país pertenecen al mundo profundamente humano de la palabra.
El futuro no será de unos contra otros
Por eso quizás nos estamos haciendo la pregunta equivocada. En vez de discutir si Chile necesita más ingenieros o más humanistas, deberíamos preguntarnos por qué no estamos formando ingenieros y economistas que comprendan mejor las humanidades, y humanistas que sepan leer números, economía y tecnología. El futuro difícilmente será de unos contra otros. Probablemente será de quienes sepan hacer ambas cosas.