Sostenibilidad
9 de febrero de 2022
Invitación a derribar tu metro cuadrado / Rodrigo Soto

Soy de esa generación que, si se encuentra en un taco en la carretera, por nada del mundo se le ocurriría adelantar por la berma. Creo que es la misma generación que cuando va en el Metro y se abren las puertas, se acomoda para deja entrar y salir a los demás o incluso de aquella que encuentra natural saludar al conductor del bus o los extraños de un ascensor.

La verdad es que más que generacional, puede ser un tema cultural. Tiendo a creer esto, y no porque tengan más o menos estudios, sino por cómo fue la sociedad en la que me crie la mitad de mi vida. No viví en la cultura de proteger mi metro cuadrado, sino en una que se compartía y no por ello, dejábamos de tener espacio para las individualidades tan necesarias.

Hoy, creo que Chile está en un momento crítico para recuperar los espacios públicos donde lo colectivo prime por sobre lo individual. No estoy haciendo ninguna apología política, no. No nos confundamos. Estoy buscando los espacios para que, como sociedad, tengamos oportunidades de encuentro que nos hagan crecer. Soy un firme y profundo convencido de que los espacios sociales bien construidos, solo conllevan ganancia: ganancia en el respeto, porque estás en conocimiento de lo que afecta al otro; ganancia en calidad de vida, porque psicológicamente logramos ser personas más plenas y felices; ganamos en tiempo de ocio, ya que no quedan en hombros particulares labores que son colectivas reduciendo tiempos innecesarios, y así, podría continuar eternamente enumerando.

Creo que hoy tenemos una oportunidad de hacer crecer Chile en esos términos, despolitizando la idea de que lo colectivo es sinónimo de una visión determinada y que lo individual es lo contrario.

Hay dos grandes cosas que rescato positivamente de esta terrible pandemia: Una, la obligación, por la necesidad de ventilación, del uso de veredas y calles para crear lugares de encuentro, y así salir del encierro del local. Ojalá se mantenga. Ojalá aquellas vías o carriles dedicadas hasta hace 2 años a los autos con sólo el conductor y hoy convertidos en terrazas, sean definitivamente reconvertidos en lugares colectivos de encuentro (si se les mete una ciclovía, mejor todavía).

Y en segundo lugar el teletrabajo, que, si bien elimina el compartir físicamente en lo laboral, ha permitido a millones de personas adaptar sus tiempos de traslados para temas importantes en el desarrollo personal, tales como la familia o el ocio.

Por ello, y en este momento de cambios profundos, iniciados en gran medida por el hastío de un modelo en el que lo individual prima por sobre lo colectivo, apelo a despolitizar el espacio personal, pretender feliz, el disentir sin agredir y avanzar hacia una sociedad que crezca en lo colectivo para que cada individuo que la compone disfrute de aquellos lugares públicos y privados sin culpa ni recriminación.

Al fin y al cabo, a derribar la cultura de “mi metro cuadrado”.