Sostenibilidad
28 de febrero de 2022
Lectura del fin del verano / Felipe Gerdtzen

“Oye tú, periodista de sostenibilidad, ¿leíste esto?”.

Mi jefe me extendió un delgado ensayo con un título muy alejado de un best seller: “Laudato si” (Alabado seas).

Se trata de la segunda encíclica del Papa Francisco, presentada en 2015.

“Te la presto”.

Dudé leerla, por el prejuicio de encontrarme ante una obra centrada en una religión que no profeso, pero me fui empapando de una reflexión muy acertada, inteligentemente sencilla e integradora de muchos conceptos cruciales y crítica de muchas fórmulas de soluciones superficiales.

Si aún no lo has leído, fácilmente la terminas en dos tardes y si eres ateo (a), agnóstico (a) o descreído (a), te puedes saltar un par de capítulos que se centran en el evangelio.

Hay frases que son verdades contundentes.

 “El medio ambiente es un bien colectivo”; “La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales (…)Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida, una espiritualidad”.

Plantea la necesidad de una profunda “revolución cultural”, porque sin ella “las leyes se entenderán como imposiciones arbitrarias y como obstáculos a evitar”. Y lo social como parte del problema y por tanto, como parte de la solución.

Cuestiona el enfoque tecno-científico como única forma de resolver el problema y hace una crítica frontal al capitalismo como el gran promotor de un modo de vida insostenible, injusto e insensato para la actual emergencia climática. Cuando uno lee este ensayo, entiende por qué adoptó el nombre de “Francisco”.

Lo que quiero relevar es algo que el libro dice mucho mejor.

El desafío del desarrollo sostenible, necesita un cambio de paradigma profundo en todas las dimensiones y prácticas humanas. Y este cambio cultural, tiene una herramienta crucial, que, para variar, es despreciada por su sencillez pero que tiene el poder del agua que golpea y golpea hasta que parte la roca: la conversación.

Algunas de las empresas que dicen estar comprometidas con la sostenibilidad, ponen su mayor esfuerzo (presupuesto) en destacar lo bien que lo hacen con ciertos productos (no dicen nada sobre el resto) o resaltan una tecnología que puede ayudar y de la que son parte, pero ponen muy pocas fichas a algo que es más importante que esa comunicación egocéntrica y que el Papa argentino repite una y otra vez: promover cultura, educación y valores de la sostenibilidad en las personas.

Esto es: ofrecer información de calidad, incentivar nuevos hábitos sostenibles, acompañar a las personas en su transición ecológica, reconocer y destacar a quienes hacen aportes significativos, es decir ayudar a que la sabiduría del cuidado al planeta se imponga en la conversación del día a día.

Aquí pueden encontrar grandes aliados en comunicadores que estamos tratando de que esto se convierta en un pilar editorial del periodismo, en toda clase de medios. Green News nació con ese sentido de urgencia y con la vocación de aportar a las conversaciones cotidianas.

Si las empresas se quedan sólo apoyando la versión “marketera” de sus aportes a la sostenibilidad, estos mensajes serán recibidos como comunicación de la “nueva moda” verde.

Pero las que ayuden a la gran causa del cambio cultural que produce la transición ecológica de un país, tendrán otro nivel de valoración en una audiencia que se da cuenta de la gravedad del asunto y que no está viendo al sistema de poder (político, económico, social y cultural) tomar medidas contundentes, porque las técnicas (descarbonización, Ley Rep, etc.) quedan sólo en el ámbito de las industrias  involucradas y no del público masivo que necesita una información transversal, aplicable y ampliamente difundida, para sentirse integrado a la mayor tarea colectiva de esta generación humana: cuidar la casa común, como dice “Francisco”.

Entre paréntesis, sería bueno que los (las) que aspiran a escribir una constitución ecológica, lean este texto. A lo mejor hay algo que aprender de él. Como me pasó a mí.