Cambio Climático
15 de febrero de 2022
Mas allá de la incertidumbre / Alex Godoy-Faúndez

Lamentablemente, las decisiones humanas no pueden abstraerse de los acontecimientos del entorno. La discusión en la agenda pública ha sido tomada por el proceso constituyente, la instalación de las nuevas autoridades como de la evolución de una pandemia que debemos ir gestionando día a día. Tales discusiones generan incertidumbres a nivel de la toma de decisiones, desde los hogares hasta cada una de las organizaciones. No es novedad que se avecinan tiempos complejos y de incertidumbre, no obstante, desafiantes y en los que no debemos perdernos del norte trazado.

A menos de un año de la Conferencia de Glasgow, a nivel global la discusión se ha centrado en la movilización del sector financiero y productivo hacia tecnologías de bajas emisiones, reconfiguración y circularización de procesos hacia una nueva economía – sin apellido – que incorpora la resiliencia de ecosistemas. Esto no es nada nuevo en vista que socialmente ya no existen espacios para posturas negacionistas frente a la evidencia en la pérdida de la calidad de los ecosistemas a nivel de biodiversidad y extracción intensiva de recursos, su vulnerabilidad al ser sumideros de descargas y residuos, como de los impactos derivados del cambio climático que se han acelerado. Tal evidencia en una población cada vez más empoderada, exige a los distintos actores de la sociedad civil, la generación de propuestas de valor que no sean más de lo mismo y donde el “greenwashing” ya no tiene espacio. Esta es la principal razón por la cual inversionistas, directores de empresas como gobiernos, entre otros, ya han internalizado que esta es una revolución socio-industrial con más de cultural que de solo ser tecnológica, y donde términos como ODS, ASG, NDCs, ya no parecen ser acrónimos manejados por pocos, sino parte de un léxico transversal donde nadie debe quedarse atrás.

Si algo concluimos de Glasgow, es que no hay espacios para negacionismos y menos aún, ilusionismos de que esto se arregla solo.

Ya no solo está en juego el enfrentar el calentamiento global, sino avanzar hacia un cambio radical en la forma en cómo concebimos el mundo, y que como consecuencia deben llevarnos a no perder el norte, en donde nuestros desafíos se embarcan en dos grandes áreas: trabajar en la mitigación de emisiones y en la adaptación al cambio climático, sobre la base de un contrato social que nos permita avanzar en desarrollo sostenible.