La sostenibilidad dejó de ser vista únicamente como una respuesta al cambio climático para convertirse en un factor decisivo de competitividad empresarial. Esa es una de las principales conclusiones del Business Breakthrough Barometer 2026, estudio internacional desarrollado por el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), que recoge la visión de más de 500 líderes empresariales de todo el mundo sobre el avance de la transición hacia una economía baja en emisiones.
El informe revela que el 92% de los ejecutivos considera que la sostenibilidad será una fuente de ventaja competitiva durante los próximos cinco a diez años, mientras que el 89% de las empresas mantendrá o aumentará sus inversiones en iniciativas relacionadas con mitigación, adaptación y resiliencia climática.
Lejos de tratarse únicamente de una agenda ambiental, las compañías están priorizando inversiones que fortalecen su capacidad de competir en mercados cada vez más exigentes, reducir costos operacionales, aumentar su resiliencia, mejorar su gestión de riesgos y la estabilidad de sus cadenas de suministro. Citan ejemplos como energías limpias, electrificación, circularidad y agricultura regenerativa como medidas escalables, y como las opciones más seguras, competitivas y resilientes.
Sin embargo, el estudio también advierte una creciente preocupación por el riesgo de una transición desordenada. El 68% de los líderes empresariales considera hoy más probable un escenario marcado por incertidumbre regulatoria, tensiones geopolíticas e impactos físicos del cambio climático que afecten la inversión y el crecimiento económico.

Chile aparece bien posicionado para la nueva economía industrial
Aunque el informe tiene un enfoque global, Chile figura entre los países identificados con mejores condiciones para beneficiarse de la transformación económica asociada a la descarbonización.
Las referencias al país se concentran principalmente en los capítulos dedicados al hidrógeno verde y al acero verde, donde se destaca el potencial de Chile para desarrollar industrias exportadoras basadas en energías renovables de bajo costo.
El reporte reconoce la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde y posiciona al país entre las economías que están impulsando políticas para acelerar el desarrollo de esta industria, junto con mercados como Australia. Asimismo, menciona iniciativas vinculadas a la producción de acero verde como ejemplos del potencial de transformación industrial que podría surgir a partir de la disponibilidad de energías limpias y moléculas verdes.
Para los autores del estudio, la competitividad futura de los países dependerá cada vez más de su capacidad para ofrecer energía limpia, marcos regulatorios estables e infraestructura habilitante para nuevas industrias. En ese escenario, Chile cuenta con ventajas naturales y estratégicas difíciles de replicar.
La oportunidad ya no es tecnológica, sino de implementación
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que las principales tecnologías necesarias para avanzar en la transición ya existen y continúan reduciendo sus costos.
Según el informe, los principales desafíos para acelerar el cambio ya no están en la innovación tecnológica, sino en la capacidad de escalar soluciones mediante infraestructura adecuada, acceso a financiamiento, estándares comunes y coordinación entre gobiernos y sector privado.
En ese contexto, las empresas están demandando señales claras y estables de política pública. De hecho, el 85% de los líderes empresariales consultados considera que los gobiernos deberían fortalecer las políticas climáticas y de transición, en lugar de retrasarlas.
En conclusión, la sostenibilidad ya no se percibe como un costo adicional, sino como una condición para competir, atraer inversión y participar en los mercados del futuro.
Para Chile, el desafío será transformar sus ventajas comparativas —abundancia de recursos renovables, potencial para el hidrógeno verde y capacidad exportadora— en ventajas competitivas concretas que permitan capturar parte importante de las oportunidades económicas que está generando la transición global hacia una economía baja en carbono.