Los sistemas frontales que han afectado a distintas regiones del país, vuelven a recordarnos el enorme costo humano que pueden tener las emergencias. Detrás de cada balance hay personas, familias y comunidades que enfrentan pérdidas y daños de gran magnitud. Hoy, el país registra 10 personas fallecidas, cuatro desaparecidas y más de 104 mil personas aisladas, además de miles de damnificados y viviendas afectadas. Frente a una realidad como esta, ninguna organización puede enfrentar por sí sola una emergencia de estas características.
La colaboración multiplica el impacto
Las empresas tienen un rol relevante en este esfuerzo. No solo por la capacidad de movilizar recursos, sino también por su conocimiento, infraestructura, redes y capacidad de gestión. Sin embargo, ese aporte alcanza su mayor valor cuando se coordina con el Estado, la sociedad civil y los territorios. La experiencia demuestra que una respuesta articulada permite actuar con mayor rapidez, evitar duplicidades y dirigir el apoyo hacia donde realmente se necesita.
Por eso es tan importante que existan mecanismos de coordinación previamente establecidos. Hoy, la Comisión de Prevención de Riesgos y Desastres de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), junto a sus ramas, se encuentra trabajando con SENAPRED para canalizar de manera oportuna los apoyos que requiera la autoridad. Esta articulación permite que las capacidades del sector privado se integren de manera eficiente a la respuesta nacional.
Del mismo modo, iniciativas como Movidos x Chile, impulsada por la Comunidad de Organizaciones Solidarias, cumplen un rol fundamental al mantener un monitoreo permanente de la situación en los territorios, coordinar el trabajo con organizaciones sociales y empresas, identificar las necesidades de las comunidades y preparar una respuesta oportuna en caso de que sea requerida. Contar con estos espacios de coordinación permite transformar la voluntad de ayudar en acciones concretas, pertinentes y con mayor impacto.
Las emergencias también nos dejan aprendizajes. Uno de ellos es que la colaboración no puede improvisarse cuando ocurre una catástrofe. Requiere confianza, relaciones construidas en el tiempo y espacios donde distintos actores puedan conocerse, compartir información y coordinar capacidades antes de que ocurra una crisis.
Desde Acción Empresas creemos que ese trabajo es parte de la construcción de un desarrollo sostenible. La sostenibilidad no solo implica reducir impactos ambientales o avanzar en descarbonización. También significa fortalecer la resiliencia de nuestras organizaciones, nuestras comunidades y nuestros territorios frente a un contexto donde los eventos climáticos extremos serán cada vez más frecuentes.
Frente a ese escenario, el desafío no es únicamente responder mejor a la emergencia actual. Es construir las capacidades que nos permitan enfrentar las próximas con mayor preparación, coordinación y eficacia.
Cuando empresas, Estado y sociedad civil trabajan de manera articulada, el impacto es mayor. Y esa capacidad de colaborar será, probablemente, una de las herramientas más valiosas para construir un país más resiliente frente a los desafíos que vienen.