¿Cuál es el equilibrio justo y sostenible? El retiro – hace unas semanas- de los 43 decretos medioambientales desde la contraloría por parte de la actual administración del Estado ha desencadenado un debate interesante en los ámbitos político, económico y ambiental, dando lugar a diversas reacciones que reflejan la complejidad de nuestra relación con la naturaleza.
Desde movilizaciones ciudadanas, la reflexión de los movimientos ambientales sobre su rol histórico frente a este tipo de políticas y hasta la reposición de algunos de estos decretos son solo algunas muestras de cómo esta decisión ha reactualizado el debate de fondo: ¿Cómo conciliamos la urgencia del progreso económico y la creación de empleo, con la necesidad de cuidar nuestro entorno natural?
Es innegable que el país necesita avanzar en desarrollo y crecimiento económico hoy. Las familias chilenas requieren más empleo, estabilidad y seguridad, y la economía debe responder con rapidez a estas necesidades. Pero esa urgencia no debe llevarnos a ver la protección ambiental como un obstáculo. Al contrario, la naturaleza bien conservada es una aliada para lograr un crecimiento sostenido y resiliente.
No se trata de demonizar la regulación ambiental, ni de enfrentar la naturaleza contra el progreso. Más bien, se trata de revisar la normativa con inteligencia y sentido de realidad, adaptándola a las necesidades económicas actuales, pero sin perder de vista que una economía sana depende a largo plazo de ecosistemas equilibrados.
La naturaleza no es un freno para el progreso, es un facilitador. Y el progreso no es un enemigo de la naturaleza, es su aliado cuando se planifica con visión. Necesitamos entender que lograr un equilibrio no significa sacrificar uno por el otro, sino avanzar juntos de manera inteligente y estratégica.
Entonces, ¿cuál es ese equilibrio justo y sostenible? Esa debe ser la motivación para revisar nuestras políticas medioambientales, tanto ayer, mañana y siempre, no como señal de retroceso, sino como una debida diligencia constante que garantice un progreso que resguarde la seguridad económica y social, pero también el bienestar ambiental de las generaciones futuras.