Cambio Climático
16 de junio de 2021
Arrastradas por la marea

La semana pasada tuvimos un preocupante recordatorio en las costas de todo el país, que afectó principalmente a la zona central: fuertes marejadas generaron el cierre de puertos, terminales y pérdidas millonarias. Pero esta situación no es novedad.

De acuerdo a datos de la Armada, entre 2013 y 2019 hubo más de seis mil cierres totales o parciales de puertos en el país, y es una tendencia que va al alza, impulsada por efectos del Cambio Climático como sistemas frontales, vientos de alta velocidad y el aumento del nivel del mar.

Además, según el Atlas de Riesgos Climáticos del Ministerio del Medio Ambiente, la mayoría de los puertos estatales del país aumentarán en los próximos años sus riesgos de “downtime”, es decir, los barcos no podrán cargar ni descargar en los puertos. Junto a esto, se estima que el puerto que más aumentará su nivel de riesgo es el de San Antonio, el principal del país.

Claramente este no es un problema que sólo afecta a los terminales, sino que le concierne a todas las empresas que exportan y/o importan productos, pues compromete la continuidad operacional y enfrenta al sector privado a grandes pérdidas.

Es urgente realizar las inversiones necesarias para disminuir la vulnerabilidad de los puertos en Chile, una tarea que no debe ser exclusiva del Estado o de la empresa controladora, sino que debe ser un trabajo en conjunto con las grandes empresas que usan los puertos para mover carga las que, además, deben incorporar medidas de adaptación necesarias en sus proveedores de transporte.

La adaptación va más allá de la inversión en infraestructura (que también pueden generar fuertes impactos ambientales). Hoy es esencial priorizar, si las condiciones lo permiten, el uso de Soluciones Basadas en la Naturaleza, con la mantención y promoción de los ecosistemas marinos de la costa como punto de base. Y en el mundo existen ejemplos exitosos en este tema.

Es importante que la adaptación sea una las prioridades de las empresas, ya que cada minuto de inacción que pasa, son grandes pérdidas futuras, las cuales se irán, lamentablemente, arrastradas por la marea.