Regenerar la imaginación para recuperar la esperanza
21 sep 2026
AutorPablo Villoch
Cargosocio facilitador de Glocalminds y docente de sostenibilidad
Vivimos rodeados de señales que nos provocan la sensación de que el porvenir se nos cae encima, en lugar de reconocernos como partícipes activos en su construcción.
Por ello, me llamó la atención una paradoja del recientemente publicado Chief Sustainability Officers’ Outlook del World Economic Forum. Un 63% de los responsables de sostenibilidad consultados espera que el progreso global se mantenga o acelere durante los próximos doce meses, aunque un 78% anticipa que las condiciones geopolíticas y de seguridad actuarán como un freno. Hay algo valioso e intrigante en esa tensión entre reconocer la gravedad del presente y seguir creyendo que podemos intervenir en lo que viene.
Michael Ende lo intuyó hace casi medio siglo en La historia interminable. El reino de Fantasía era devorado por la Nada a medida que los humanos dejaban de soñar. Ende explicaría después que su historia hablaba de una sociedad cuyo mundo interior se había vaciado y necesitaba recuperar sus fuerzas creativas para construir nuevos valores. Cuesta no reconocer algo de aquella Nada hoy entre nosotros.
Estamos perdiendo la capacidad de imaginar el futuro
Nuestra atención se ha convertido en uno de los bienes más codiciados de la economía digital. Entregamos diariamente horas de vida a una sucesión interminable de contenidos sin sentido seleccionados por algoritmos. Hollywood ha colonizado nuestro imaginario con distopías, zombis y superhéroes que aparecen a último minuto para salvarnos del desastre. Parecemos sobreentrenados para imaginar apocalipsis y bastante menos preparados para imaginar soluciones a problemas complejos y nuevas realidades que realmente queramos vivir.
El escenario se vuelve más sugerente cuando las máquinas comienzan a procesar cantidades ingentes de información e incluso coordinar tareas entre ellas. Anahí Urquiza advertía recientemente un inquietante desafío para la acción colectiva: necesitamos sociedades capaces de cooperar para gobernar máquinas que comienzan a mostrar nuevas formas de coordinación.
El propio informe del World Economic Forum aporta otra pieza a esta reflexión: un 73% de los líderes de sostenibilidad consultados espera que la inteligencia artificial y otras tecnologías digitales sean un importante impulsor del progreso en sostenibilidad durante los próximos tres años, aunque un 77% reconoce también sus principales impactos ambientales. Mientras delegamos cada vez más tareas cognitivas en máquinas con capacidades extraordinarias, convendría desempolvar una de las antiguas potencias del alma humana: la imaginación.
Recuperar la imaginación para volver a construir el futuro
Rob Hopkins compara nuestra imaginación colectiva con un músculo infrautilizado precisamente cuando más necesitamos ejercitarlo. En From What Is to What If propone recuperar deliberadamente nuestra capacidad de imaginar futuros diferentes, abriendo posibilidades allí donde las restricciones del presente parecen haber clausurado el futuro.
Lo he observado durante años facilitando procesos de innovación. Nuestras empresas están llenas de personas talentosas e imaginativas trabajando dentro de estructuras que rara vez les permiten florecer. En nombre de la eficiencia, les pedimos indicadores, presupuestos, reportes y planes de acción. He sido testigo de demasiado talento creativo desperdiciado en los organigramas, como aquellas arpas cubiertas de polvo. Pero también he visto lo que sucede cuando se abren espacios para liberar y canalizar esa imaginación al servicio de un propósito compartido.
Descolonizar nuestra imaginación requiere revisar los relatos que hemos interiorizado y especialmente, desaprender el mito del superhéroe mesiánico que vendrá a salvarnos. Ante la complejidad de este tiempo necesitamos recuperar nuestra capacidad de agencia, reconociéndonos como partícipes activos en la construcción del futuro.
Precisamente, el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD en Chile advertía en 2024 sobre la debilitada percepción de agencia colectiva para influir en el rumbo del país. Mencionaba también una “doble impotencia”: dudamos de nuestra capacidad para cambiar las cosas y también de la capacidad de nuestros representantes para hacerlo.
Por eso encuentro especialmente fecunda y urgente la propuesta de “Esperanza Activa” de Joanna Macy y Chris Johnstone: mirar con claridad lo que ocurre, reconocer aquello que deseamos cuidar o hacer posible y comprometernos a movilizar la realidad en esa dirección.
Recuperar la agencia y la esperanza requiere regenerar la imaginación. Difícilmente podremos comprometernos con futuros que hemos dejado de visualizar. Quizá no hayamos perdido aún esa capacidad. El arpa sigue ahí, silenciosa y cubierta de polvo. Es tiempo de volver a tocarla.
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