Los residuos hospitalarios representan uno de los desafíos ambientales más complejos del sector salud. En Chile, la práctica habitual es enviarlos a destinos autorizados, una solución que resuelve el problema de disposición pero que no aprovecha el potencial de esos materiales.
La Achs decidió cambiar esa lógica y, junto a Coactiva, puso en marcha un piloto que convierte esos residuos hospitalarios en combustible alternativo para la industria del cemento. Este comenzó en 2025 en el centro La Florida, donde ese año se valorizó energéticamente 814 kilogramos de residuos especiales y peligrosos, hoy son cinco los centro que participan del piloto, aumentando la capacidad de valorización llegando a más de una tonelada en lo que va de 2026.
No todos los residuos hospitalarios que genera un centro de salud son iguales, y esa distinción es clave para entender cómo se gestionan. Según explica Constanza Modinger, subgerenta de Sostenibilidad y Vinculación de la Achs, “en un establecimiento de salud se generan tres tipos de residuos que requieren tratamiento distinto. Los peligrosos son medicamentos vencidos, líquidos de rayos X, cal sodada, elementos citotóxicos, pilas, radiografías y productos inflamables o tóxicos, materiales que por su composición química pueden dañar la salud o el entorno si no se disponen de manera correcta”.
“Los residuos hospitalarios especiales, son jeringas, sangre, elementos patológicos y todo lo que tiene carga viral o biológica. Estos últimos se someten a esterilización antes de cualquier otro tratamiento, porque el primer paso es neutralizar el riesgo. Por último, están los domiciliarios (orgánicos e inorgánicos) que pueden seguir en procesos de valorización (reciclaje o compostaje) o ser dispuestos en rellenos sanitarios autorizados”, agrega.

El camino que recorre cada residuo es preciso y trazable. Desde cada establecimiento, los residuos peligrosos y especiales son retirados y trasladados a la planta de Coactiva en Til Til. Allí se esterilizan y trituran hasta convertirse en un combustible alternativo sólido que entra directamente al coproceso industrial, donde reemplaza fuentes de energía convencionales.
“La sostenibilidad en el sector salud puede ir más allá de reducir papel o consumo energético. Hay que mirar también lo que ocurre con los residuos que generamos en la atención de pacientes. Este proyecto nos permite avanzar en esa dirección con un modelo que ya está funcionando y que queremos seguir desarrollando”,
Señala Modinger.
El piloto se está implementando en los centros de La Florida, Puente Alto, San Bernardo, Buin y Paine, lo que permite evaluar el modelo en contextos reales y diversos antes de proyectarlo a otros establecimientos de su red, dado que, por ejemplo, el centro ubicado en Paine realiza cerca de 147 atenciones mensuales, versus el de San Bernardo, que supera las 1.900.
“La forma en la que implementamos este piloto nos permite entender cómo opera el modelo en distintos contextos, qué ajustes necesita y cómo preparar a los equipos. Con este aprendizaje buscamos llegar a toda nuestra red de atención y buscar contantemente nuevas formas de reutilización o valorización”, agrega Modinger.
Este trabajo forma parte de la estrategia de sostenibilidad de la Achs, que ha convertido la reducción de emisiones en un compromiso medible. La organización se fijó como meta reducir en 35% las emisiones de alcance 1 y 2 al año 2028, tomando como base los niveles de 2024. Una meta que la gestión responsable de residuos hospitalarios contribuye a sostener y que refleja cómo la Achs aborda su impacto en el entorno.